sábado, 30 de julio de 2016

TODO PIOLA

Amor, complicidad, amistad y fantasía. Ingredientes que se combinan en la construcción afectiva de la pieza que intenta darle cuerpo, sonidos, movimiento, a las palabras conjugadas de la poesía de Mariano Blatt, y otros parafraseos.
Una propuesta que se despliega como un poema urbano escénico y toma cuerpo en Eddy García y Carla Di Grazia, dos intérpretes entregados con potencia a la acción.
De esa poesía “inútil pero necesaria” se empapa Gustavo Tarrío, que arremangado se arroja a construir un universo muy particular donde vemos flotar el imaginario de la falta, de la carencia, entre perlas y canciones.
Hay fantasías que se lanzan a existir. Como el deseo de ser otro, o de estar en otro lugar, e inmediatamente ser transportado hacia allí.
Canciones originales juegan con la escena hamacada por una bella voz. La cantante se infiltra entre las fantasías de los protagonistas, musicaliza los momentos, se cuela como un suceso extra escénico y es al mismo tiempo protagonista.
Dos amigos de un barrio se encuentran y entre sus charlas cotidianas casi rústicas, se abre un hueco al universo de la imaginación para viajar entre monos africanos o revivir alguna escena de película.
La pieza utiliza recursos que enriquecen la experiencia y a la vez la convierten en una propuesta innombrable. Es un teatro que se despliega en los bordes, que danza, canta, declama, dialoga, que construye mundos desde una dramaturgia poética o hace dramaturgia desde la poesía.
Todo piola es una experiencia teatral que habita con expresión contemporánea, y de una manera curiosa, en la escena de la ciudad.

Qué: Todo piola
Quién: Guión: Mariano Blatt, Eddy García, Gustavo Tarrío.- Actuación: Carla Di Grazia, Eddy García, Guadalupe Otheguy.- Cantantes: Guadalupe Otheguy.- Músicos: Felipe Barrozo, Cecilia Bienati.- Vestuario: Cristian Bonaudi, Ana Press.- Diseño de objetos y fotografía: Agnese Lozupone, Eleonora Pascual.- Diseño de luces y arte: Agnese Lozupone.- Diseño gráfico: Maxi Sosa.- Producción ejecutiva: Eleonora Pascual.- Asistencia de dirección y Diseño de movimientos: Virginia Leanza.- Dirección: Gustavo Tarrío.-
Duración: 60 minutos
Dónde: TEATRO DEL ABASTO Humahuaca 3549 Teléfonos: 4865-0014
Web: http://www.teatrodelabasto.com

Cuándo: Viernes - 23:30 hs - Hasta el 10/09/2016

LOS CIEGOS


Esta obra simbolista del autor belga Maurice Maeterlinck nos ubica en una isla, espacio ficcional en el que transcurre la historia completa y que da comienzo a toda una simbología sobre el aislamiento.
Varados en medio de un bosque, un grupo de ciegos espera a su guía, muerto a metros de allí sin que ninguno lo sepa. Esta extraña situación basta para introducir al espectador en reflexiones metafísicas sobre la vulnerabilidad humana, la finitud y la muerte.
Sumergidos en el bosque, distribuidos entre rocas y hojas, están esperando indefensos estos hombres y mujeres. La escenografía recrea el ambiente nocturno cuya iluminación resalta la belleza pictórica de la puesta.
El canto de tres niñas se repite como una plegaria mientras oímos los textos del temor y el desconcierto, en la boca de hombres y mujeres que dialogan, tanteando con sus manos en la oscuridad.
La imposibilidad de ver genera alrededor un plus de misterio. Todo lo que sucede en otros niveles sensoriales se percibe como una amenaza. Queda expuesto el hombre a lo desconocido.
La indefensión de este grupo no vidente se contrapone a la figura del ciego Tiresias de la dramaturgia griega clásica, que lo ubica como el clarividente, como aquel hombre capaz de ver el porvenir. La ceguera aquí funciona como metáfora de la ignorancia y las limitaciones del ser humano.
La puesta fortalece la sensación de ambigüedad frente a los sucesos externos con elementos lumínicos. Un recurso cuyo efecto puede llevar a sospechar si realmente sucede algo sobrenatural que los ciegos perciben o se trata simplemente del viento, las hojas que caen y el sonido del mar que los circunda. De esta manera resalta el aspecto de la incertidumbre y lo desconocido a lo que el ser humano se enfrenta como algo característico de su condición.
Mediante la simbología de la ceguera, la obra conduce al espectador a enfrentar la angustia de una existencia cuya única certeza es la finitud.
Una obra breve y bella, como la vida misma.

Qué: Los ciegos
Quién: Autoría: Maurice Maeterlinck.- Actuación: Romina Almirón, Juan Manuel Casavelos, José Luis De Giano, Macarena Del Corro, Norma Kania Glozman, Julieta Koop, Nancy Micheloni, Luciano Moreno, Horacio Vay, Miguel Angel Vigna, Carlos Vilaseca, Agustina Yacachury.- Diseño de escenografía Y Diseño de vestuario: Marcelo Valiente.- Diseño de luces: Sergio Iriarte.- Realización de escenografia: Andrés Bailot, Maite Corona, Ileana Vallejos.- Realización de vestuario: Magali Salvatore, Natalia Suárez.- Instalación visual: Daniel Sanchez.- Música original: Sebastián Bradley.- Sonido: Maximiliano Martinez.-Asesoramiento coreográfico: Ignacio Gonzalez Cano.- Producción ejecutiva Y Asistencia de dirección: Andrea Bouhier.- Dirección Y Puesta en escena: Nayi Awada, Tomás Bradley.-
Duración: 50 minutos
Dónde: TEATRO HASTA TRILCE Maza 177 Teléfonos: 4862-1758

Cuándo: Viernes - 22:00 hs - Del 29/07/2016 al 30/09/2016

viernes, 15 de julio de 2016

LA VIDA BREVE

“A veces me pregunto si el amor no es uno de esos lugares, siempre con pulóveres agujereados” (gacetilla de la obra)

La vida es breve. La vida es un instante perpetuo. La vida es como una ficción y su duración es relativa, subjetiva.
La propuesta que despliegan Esteban Bieda y Nahuel Cano, en conjunto con un dúctil grupo de buenos actores, es, como ellos dicen, “una opinión contemporánea, mutante y caótica del universo narrativo de León Tolstoi y Anton Chéjov”.
También es un grito poético sobre la brevedad de la existencia y la posibilidad de vivir intensamente cada instante.
En el espacio amplio donde se despliega este mundo, y bajo una luz total que sólo desciendo al principio mientras el humo enturbia todo, se ve ropa colgada en distintos percheros expuestos en escena. Son trajes diversos como los roles que cada uno interpreta en el escenario de la vida.
Un ventanal al fondo abre la mirada hacia la posibilidad de otro lugar, externo, no audible, múltiple, que puede remitir también a lo exótico.
El universo ruso y sus nostalgias, conflictos e imposibilidades que crean drama, son el disparador inicial, pero la obra se desprende de aquellos autores para plantear en el mundo presente el devenir de la existencia.
Las primeras palabras nos dicen que están  “todos cayendo”. Juicios vacíos sobre los otros muestran la pobreza espiritual de una clase que parece aferrarse a la vida del antiguo régimen, donde los “horribles” pobres estaban ocultos a sus ojos. Ahora tienen que compartir con ellos sus hipocresías cómodas en los transportes públicos. Así la obra penetra mordazmente en la contemporaneidad del presente.
La decadencia atraviesa la moral, la sociedad, y la materia misma, que se hace palpable en el espacio físico, en las relaciones, en el torbellino de las interpretaciones que se abalanzan hacia el final.
Todos conviven en escena como si estuvieran probando palabras, cosas, acciones. Se superponen las situaciones y se entremezclan los personajes de los autores rusos con tal dinámica, que parecen piezas de encastre y el espectador puede seguir los relatos con fluidez.
Cierto estado trágico de la vida sobrevuela cada instante. El desamor, la fatalidad, el tiempo, el amor, la muerte dando vueltas, los presagios, “la sensación de que algo terrible nos pasará a todos”.
Esos cambios constantes, ligados hábilmente por la dirección, se verán en la mudanza permanente del vestuario en escena, en los desplazamientos de los percheros que sirven de escenografía, en la develación del dispositivo.
La obra se arma en una superposición de momentos que no decaen. La euforia convive con rupturas delirantes que rompen cualquier solemnidad. La música transforma la escena en un recital performático donde el amor es una mierda, llorar es como respirar, saber cómo son las cosas resulta asfixiante y cuanto uno más se cultiva, más infeliz se vuelve.
En ese devenir de dependencia de todo lo que forma parte de la vida (los otros, el amor, el conocimiento, el sufrimiento, la materia), vemos decaer a los personajes a medida que la obra se acerca a su fin, en paralelo con la existencia misma de las cosas, que se corroen por el tiempo.
Todo concluye en la ficción como en la realidad.
La vida es tan breve que no sería difícil sospechar, junto a los actores, que en un punto, somos eternos.

Qué: La vida breve

Quién: Autoría: Esteban Bieda, Nahuel Cano.- Actuación:María Abadi, Anabella Bacigalupo, Florencia Bergallo, Diego Echegoyen, Leonardo Murúa, Javier Pedersoli, Mariano Sayavedra.- Diseño de vestuario: Belén Parra.- Diseño de escenografía: Julieta Potenze.- Diseño de luces: Rocío Caliri, Matías Sendón.- Video: Martín Berra.- Diseño gráfico: Sonia Basch.- Entrenamiento vocal: Claudia Cano.- Asistencia coreográfica: Laura Aguerreberry.- Asistencia de dirección: Gastón Guanziroli.- Producción ejecutiva: Laura Loredo Rubio, Julieta Potenze.- Co-producción: Estudio|elcuarto|, FIba.- Dirección: Nahuel Cano.-

lunes, 4 de julio de 2016

EL VÉRTIGO

El espectador llega a ver esta propuesta y se encuentra con una bella situación: la locación. No es un espacio de teatro convencional y tampoco es una obra site specific (armada para el sitio específico) pero sucede en un lugar hermoso que ubica la obra donde mejor podía realizarse: un taller de orfebrería.
El Museo Pallarols, un espacio de trabajo artesanal lleno de herramientas y objetos antiguos, es el escenario ideal para una propuesta en la que el espectador oficia de espía asomado dentro del taller.
La obra de Discépolo trae a una familia de inmigrantes que se dedican a la orfebrería. Y en ese espacio de trabajo donde se pasan horas engarzando piedras preciosas, trascurre la acción.
Inicia el relato en medio de una situación tensa que inmediatamente se explicita. El amor no correspondido de un hombre es el centro donde gravita el vértigo. Esa sensación ilusoria de movimiento de los objetos que nos rodean, o de nuestro propio cuerpo. El vértigo como la mala fiebre del deseo que empuja tras algo aunque cause el propio mal.
Porque si el orfebre no puede engarzar y algo falla, no se debe a una deficiencia de su cuerpo, pues “las manos no tienen la culpa, es la cabeza o el corazón”.
Irrumpe desde el principio el tema del amor/desamor. Esa ‘mala fiebre’, que lleva a los hombres a cometer los peores delitos. Y pese a que “un hombre que ama es un hombre fuerte”, también es un hombre que cede y se sacrifica por una mujer.
Aquí se plantea desde el texto que el hombre actúa para la mujer, baja a las minas a buscar piedras preciosas para que ella las luzca, a costa de arriesgar su vida. Trabaja para ellas. Y a la vez, se pone en cuestión a aquella parte del género femenino que enloquece por lo material. Las mujeres que gustan tanto de las joyas son fatales. Arruinan a los hombres que enloquecen de amor.
Entonces la obra pone en tela de juicio a las ambiciones materialistas (“las piedras traen desgracias”) y rescata de un modo romántico las profundidades de lo que dicta el corazón, que es lo que uno verdaderamente debe atender. “Hacer siempre lo que te dicte tu corazón”, expresa el texto en voz de uno de los intérpretes.
El amor está planteado como algo sencillo y difícil a la vez. Atraviesa la obra como una flecha que trae aparejada la fatalidad. La tragedia se ve venir como algo indefectible.
En ese espacio íntimo, el espectador permanece expectante como si fuera una herramienta más del taller. Rodeado de objetos antiguos, piezas de orfebre, el público es tallado por las escenas que se suceden a un ritmo vertiginoso como el título.
El vértigo del amor, de la pasión, del riesgo, del dinero, del devenir.
Con el vértigo de la vida, concluye esta pieza engarzada en la memoria como una bella propuesta teatral.

Qué: El vértigo

Quién: Autoría: Armando Discépolo.-  Actuación: Marcelo Aruzzi, Natalia Besuzzo, Matias Broglia, Roberto Cappella, Marcos Horrisberger, Martín López Pozzo, Alicia Naya, Yesica Wejcman.- Vestuario: Cecilia Zuvialde.- Diseño de luces: Miguel Solowej.- Música: Santiago Barceló.- Fotografía: Leopoldo Minotti.- Diseño gráfico: Roberto Cappella.- Asesoramiento escenográfico: Cecilia Zuvialde.- Asistencia de dirección: Juan Sebastian Echave.- Dirección: Matías Leites, Leopoldo Minotti.- Duración: 70 minutos.- Web: http://www.elvertigo.com.ar

Dónde: MUSEO PALLAROLS Defensa 1094   Reservas: 15-6725-1000

Cuándo: Viernes - 21:00 hs

sábado, 18 de junio de 2016

DUROS

¿Qué es Duros? Primero que nada, una propuesta que se abre al otro sin miramientos de ningún tipo. Ni con el espectador ni con el intérprete ni con lo que pueda suceder en el entre.
Lo duro es algo concreto, sólido, es una especie de quietud comprimida.
Algunas filosofías orientales dicen, en relación al cuerpo, que lo que está duro está muerto, por eso el bebé es blando y el anciano se va endureciendo.
Dura es la soledad, la ausencia, la desesperanza, la vida, dicen otros.
Duro es ser pero no poder estar. Es estar pero no poder Ser.
La puerta se abre para dar paso a una poética de lo gutural. Un universo que roza el absurdo donde ya no se espera a nadie. En ese mundo, un grupo de hombres casi animalizados, se relaciona con gestos mínimos. Apenas parece existir vínculo entre ellos. Cada uno ensimismado en su acción personal, dirige palabras incomprensibles para el otro como si hablaran idiomas diferentes.
En un momento parece un grupo de internos de psiquiátrico, un experimento paralelo sobre la locura. En otro, son unos amigos vaciados por las drogas.
Todo sucede en un ambiente hostil, un espacio hundido en la tierra, húmedo, destruido. Un mundo de escombros, de restos, de lo que la sociedad desecha.
La dramaturgia se dirige a zonas no habituales de la inteligencia del espectador que absorbe sonidos e imágenes intentando darle forma a ese lodo. Incomoda el esfuerzo por construir sentido.
La puesta es arriesgada en varios puntos.
Con una limitación de capacidad de ingreso por decisión, conjuga desde distintos ángulos una posición estética y política. Es un cuestionamiento al consumo del arte como entretenimiento, a vender entradas a lo loco para llenar una sala, a la lógica del amontonamiento estilo “shopping”.
El espacio reducido y vallado, hundido en el piso, obliga al espectador a mirar hacia abajo y sostener una posición corporal inusual en las salas teatrales. Estar de pie con la cabeza gacha también es una postura de subordinación.
Por otro lado, debe tomar una actitud activa, colaborar en la decisión de aquello que es iluminado, hacerse cargo de lo que elige al recortar cuando mira y ser consciente de que jerarquiza de acuerdo a sus intereses.
El tiempo del relato lleva a una detención temporal, a una suspensión del pensamiento en la que la ausencia de palabras construye otra lógica.
La sola descripción espacial de un pozo donde un grupo reducido de personas permanece dando vueltas sin poder salir ni comunicarse con el mundo exterior, trae la sensación de opresión, incomodidad, asfixia, dolor, soledad, ausencia.
¿Será este el mundo donde la mayoría vegeta? Dominado por laboratorios y corporaciones que dejan un hueco a la diversión fugaz para seguir funcionando en la rueda.
Por eso, un final sin aplausos, sin catarsis, tira la pelota al público, lo mueve de lugar, lo deja con el hueso atragantado para ver hacia qué lado quiere mirar.

Qué: Duros
Quién: Actuación: Enrique Biondini, Edgardo Castro, Mariano Gonzalez, Martín Tchira.- Diseño de espacio: Norberto Laino.- Diseño de luces: Matías Sendón.- Realización de escenografía y Asistencia general: Sofía Eliosoff, Sofía Etcheverry.- Entrenamiento corporal: Natalí Faloni.- Asistencia técnica: Lucas Ciro Bustamante.- Asistencia de dirección: Mariano Villamarin.- Producción: Elefante Club De Teatro.- Dramaturgia y Dirección: Lisandro Rodriguez.-
Duración: 60 minutos
Dónde: ELEFANTE CLUB DE TEATRO  Guardia Vieja 4257 Reservas: 48612136
Cuándo: Viernes - 21:30

Entrada: $ 150,00 / $ 110,00

domingo, 15 de mayo de 2016

MI HIJO SOLO CAMINA UN POCO MÁS LENTO



En un horario poco habitual para lo que es el teatro en esta gran ciudad habitada por teatristas, tiene lugar este curioso acontecimiento.  
El público llega amodorrado a la sala Apacheta, un espacio relajado y contenedor, atendido por sus propios actores.  Sube las escaleras dispuesto a participar como un invitado en un almuerzo de domingo. La atmósfera es descontracturada y los intérpretes están allí mismo. Parecen tan a la expectativa como el público cercano.
En la escena están todos vestidos con trajes deportivos, parados, apoyados contra alguna pared, sentados, mientras observan cómo nos acomodamos en las gradas. Es un ambiente casero, íntimo, humano.
Empieza la obra con una especie de aclaración, cual nota al pie de la actriz más  mayor, que explica que puede olvidarse la letra y recibir ayuda de los compañeros. Es tomada con naturalidad. Luego todos los actores comienzan a correr. Metáfora que sirve para entrar en calor físicamente y despejar la mente, además de poner en tensión el núcleo conflictivo sobre el que circula la pieza, donde el protagonista está postrado en una silla de ruedas debido a una enfermedad jamás nombrada.
“No es bueno que estés en la oscuridad” es una de las primeras frases. Y la propia pieza teatral sale a luz poniendo en evidencia todos sus mecanismos. Los actores permanecen a la vista aunque no estén ‘actuando’, mueven los objetos que sirven de escenografía, se dan indicaciones, se impulsan, se sientan y relajan fuera de escena. Entre ellos, un relator corporiza las didascalias de la obra e interviene activamente con sus señalamientos. Describe acciones físicas de los personajes que ellos interpretan libremente.
El poder sugestivo de la imaginación es tal, que basta con la descripción verbal para que el espectador fantasee la situación. Los actores le dan el énfasis emocional suficiente para ayudar a completarla.
Branco, el protagonista, aparece en silla de ruedas. Es el que menos conflicto parece tener con la situación que vive y sobre la que gravitan todos los personajes de la obra.
A través de respiraciones sonoras, sucede una especie de intervención ‘emocional’ de los actores, como si fuera una opinión sobre el estado de ánimo de la escena. Suspiran para darle énfasis o canalizar la dosis emocional que emana de la misma.
Por otro lado, avanzan en el relato con una permanente dirección de la mirada al público, una interpelación constante. Como si le estuvieran contando el cuentito y esperaran atentamente su reacción. Una manera más de evidenciar la teatralidad, de mostrar los mecanismos de construcción del universo ficcional, de no esconder nada.
Imposible no reflexionar sobre esta forma de actuar despojados de todo aquello que hace al relato de la obra, donde parece que verbalizaran pensamientos implícitos como por ejemplo “…ahora que estás viejo y te estás por morir…” cuando la madre de Branco se dirige a su padre a hacerle una pregunta.
Se observa cierta búsqueda por la cercanía humana desde la carencia, desde la necesidad de convivir con el otro, con sus diferencias o excentricidades, con sus patologías y sus sonrisas.  En esa distancia entre los seres humanos, que parece aumentar la soledad y la ausencia de amor que sufren todos en el fondo, cada uno con su dolor, se cuela una crítica cómica a las redes sociales donde el Facebook es la estrella. Un lugar de encuentro virtual donde si uno no figura pareciera no existir. Pero, como expresa el texto en una parte: “cómo sabes quién sos si no hay gente a tu alrededor”.
“Tenemos que caminar” es otra frase que juega con el conflicto central y que a la vez suena a modo de impulso, de propuesta, de aliento. Caminar es ir hacia, es recorrer, es descubrir, es salir del lugar en donde uno está.
Cómo ayudar al otro es parte de la pregunta del drama, y la respuesta viene de la mano de la propia puesta en escena. Acercándose al otro, mirándolo, incluyéndolo,  entrando en un contacto afectuoso.
Al final, están presentes todos en la escena, agrupados por las parejas que conforman en la ficción. Miran al público como esperando una respuesta o sin esperar nada, inhalando el momento. La atmósfera se llena de pensamientos, reflexiones, emociones.
Una tensión particular mantiene al espectador en suspenso hasta que comienzan los aplausos.
Si la intención es respirar juntos, como cuenta Cacace, su director, lo han logrado.

Qué: Mi hijo solo camina un poco más lento
Quién: Dramaturgia: Ivor Martinić.- Traducción: Nikolina Zidek.- Actuación: Aldo Alessandrini, Antonio Bax, Luis Blanco, Elsa Bloise, Paula Fernandez Mbarak, Pilar Boyle, Clarisa Korovsky, Romina Padoan, Juan Andrés Romanazzi, Gonzalo San Millan, Juan Tupac Soler.- Vestuario y Escenografía: Alberto Albelda.- Diseño de luces: David Seldes.- Asistencia de dirección: Julieta Abriola, Juan Andrés Romanazzi.- Prensa: Carolina Alfonso.- Arreglos musicales: Francisco Casares.- Dirección: Guillermo Cacace.-
Duración: 75 minutos
Dónde: APACHETA SALA ESTUDIO  Pasco 623  Teléfonos: 4943-7900 / 1530142997
Cuándo: Domingo y Sábado - 11:30 hs y 14:00 hs - Hasta el 29/05/2016

martes, 12 de abril de 2016

PRUEBA Y ERROR

Como una tentativa propia de la compañía teatral, se pone en escena este título en forma de obra. Los acompaña, en su gacetilla de presentación, una cita de John Cassavets, quien parece que dijo alguna vez: “Como artista me siento en el deber de intentar muchas cosas pero sobre todo, atreverme a fallar”. Desde allí, uno es invitado participar del experimento.
La ficción está propuesta como una investigación sobre sus propias vidas (“reales y posibles”) e inicia su trayecto en la particularidad de la sala. Ese lugar concreto que se presta a abrazar los mundos posibles de cada representación. En este caso específico, el público entra atravesando el espacio escénico, lo que produce la sensación de entrar en algo que ya ha empezado.
Los intérpretes se ponen en funcionamiento reacomodando objetos, hay un movimiento constante entre todos que van y vienen preparando el espacio, donde la actuación se presenta como un juego permanente.
En escena, un músico observador interno, toca melodías que generan la atmósfera necesaria para el principio de algo. Suena el piano, se encienden las luces.
El dispositivo escénico suma a dos manipuladores de luces, objetos y personas. Como si fueran dos técnicos de iluminación que además aportan en el relato, movilizando la escenografía y dando impulso a los actores. Dos asistentes que intervienen en el curso de los acontecimientos accionando directamente sobre los cuerpos.
La  ficción nos habla de un padre artista frustrado que sufre en el vínculo que mantiene con su hija. Una relación de paridad donde hay pocos límites, mucha confusión. Donde la mirada centrada en sí mismo lo aleja del lugar de adulto que debería ocupar frente a la niña. Las escenas entre ambos están muy logradas. Fluyen en sus ritmos y silencios.
Desde ese ambiente de conflictos, de padres separados, amantes, estados de locura y polémicas en relación al mundo del arte y el mercado, parte también una reflexión metateatral.
Se cuestiona al esnobismo en el arte, al objetivo de “hacer dinero” en la vida, a la competencia, a la superficialidad unida a esa carrera descarnada hacia alguna cima imaginaria de éxito. Todas cuestiones que les atañen a ellos mismos, actores y artistas insertos en un ambiente donde estas controversias se ponen en juego constantemente. Sobre todo cuando el protagonista parece caer en aquello que critica luego de salir del lugar de la imposibilidad y la frustración en el que estaba, y embelesarse con las luces de la fama.
El teatro se plantea a sí mismo, se pregunta, se critica, delibera.
“La forma de nuestra felicidad está en extinción”, sueltan en la escena. ¿Cuál sería la forma de su felicidad? ¿La forma de la felicidad del artista, del ser humano? ¿Por qué estaría en extinción? ¿Tiene que ver acaso con el acto de crear en sí mismo, despojado de toda competencia y mercado, de toda necesidad material de una economía? Cabría preguntarse entonces de qué manera el artista puede seguir siendo un artífice del pensamiento crítico y producir incomodidad sin caer en las redes acomodaticias del sistema.
Mientras tanto, la escena nos interpela.

Qué: Prueba y error
Quién: Dramaturgia y Dirección: Juan Pablo Gómez.- Actuación: Patricio Aramburu, Anabella Bacigalupo, Nahuel Cano, Luna Etchegaray, Alejandro Hener.- Participación: Verónica Pellaccini.- Vestuario: Paola Delgado.- Diseño de espacio: Cartonero Gondry.- Diseño de luces: Matías Sendón.- Realización escenográfica: Leonardo Ruzzante.- Realización De Herrería: Ernesto Sotera.- Música original: Santiago Torricelli.- Diseño gráfico: María Laura Valentini.- Casting: María Laura Berch.- Asistencia general: Manon Lila cotte, Gastón Exequiel Sánchez.- Asistencia En Coaching: Marcela Padvalskis.- Asistencia de dirección: Anabella Bacigalupo, Jennifer Permuy.- Producción: Cartonero Gondry, Paloma Lipovetzky.- Colaboración artística: Lucía Di Salvo.- Colaboración coreográfica: Celia Argüello Rena.- Coaching actoral: Maria Laura Berch.-Duración: 90 minutos
Dónde: TIMBRE 4 México 3554 Teléfonos: 4932-4395 Web: http://www.timbre4.com
Cuándo: Jueves - 21:00 hs - Hasta el 23/06/2016

Entrada: $ 150,00 –